Deja que pase la tormenta: una meditación guiada para la resiliencia

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En esta práctica, Scott Rogers nos guía para que asumamos el papel de observadores de las emociones difíciles, de modo que podamos crear más fácilmente el espacio que necesitamos para dejarlas ir.

A veces podemos ver venir nuestras emociones intensas, y otras no podemos. Las emociones pueden acumularse, aumentando lentamente su fuerza. En otras ocasiones, se estrellan contra nosotros todos a la vez. Podemos perdernos en nuestras emociones, arrastrados por un sentimiento. Pueden ser hermosos y pueden dar miedo. De todas estas formas, las emociones son como tormentas.

Observemos diferentes aspectos del huracán y veamos cómo se conectan con nuestros propios pensamientos, sentimientos y sensaciones.

La buena noticia es que las tormentas pasan, al igual que las emociones. Con la atención plena, podemos practicar asumir el papel de observadores de nuestros fuertes sentimientos. Cuando ponemos ese espacio entre nosotros y los torbellinos, podemos encontrar estabilidad y cultivar la resiliencia. Scott Rogers nos guía en esta práctica guiada con la metáfora de un huracán para ayudarnos a reconocer las cualidades y la impermanencia de incluso nuestras emociones más tormentosas.

Una práctica para la resiliencia emocional

  1. Comenzamos esta práctica de atención plena de 12 minutos colocándonos en una postura erguida y estable. Bajamos o cerramos los ojos y dirigimos nuestra atención a nuestro cuerpo sentado en la silla.
  2. Mientras respiramos, somos conscientes de donde nuestro trasero se encuentra con el asiento de la silla y de donde nuestro respaldo se encuentra con el respaldo de la silla. Somos conscientes de nuestros pies y dónde hacen contacto con el suelo, nuestros zapatos o nuestros calcetines. Somos conscientes de las sensaciones del cuerpo, de las manos apoyadas una en la otra o en nuestro regazo. Somos conscientes de las yemas de los dedos, las palmas de las manos, los puntos de contacto, ya que comenzamos esta práctica volviendo a nuestros sentidos mientras respiramos.
  3. A veces, las cosas pueden volverse intensas y girar rápidamente, como un huracán, por lo que esta práctica se basará en la metáfora de un huracán para ayudarnos a comprender nuestra verdadera naturaleza. Puede ayudarnos a comprender las formas en que la práctica de la atención plena puede ser útil para observar nuestra naturaleza momento a momento. Esa observación puede crear amplitud en torno al tumultuoso que puede surgir durante el transcurso de nuestro día y en ocasiones a lo largo de nuestra vida.
  4. Tomamos tres respiraciones lentas y profundas. Un poco más lento y un poco más profundo de lo que podríamos tomar. Inhale y exhale. Inhale y exhale. Inhale y exhale.
  5. El huracán surge cuando las condiciones son suficientes para que se una y, con el tiempo, se disipe, al igual que nuestras propias condiciones emocionales. Entonces, veamos algunos de los diferentes aspectos del huracán y veamos cómo se conectan con nuestros propios pensamientos, sentimientos y sensaciones, y la amplitud y facilidad que podemos encontrar con pensamientos, sentimientos y sensaciones agitados.
  6. Hay momentos en los que experimentamos agitación y frustración. en el cuerpo, al igual que los fuertes vientos racheados y las fuertes lluvias que alimentan al huracán. Podríamos reflexionar por un momento sobre momentos en los que hemos sentido esa intensidad en el cuerpo, esa tensión, esa rigidez.
  7. De vez en cuando surgen pensamientos que pueden ser críticos, pesimista y reactivo, como la salida de nubes de alto nivel que intensifican el huracán a medida que se alejan de él. Podríamos tomar nota de los pensamientos que surgen en nuestra mente ahora, o los pensamientos que han surgido hoy, que tienen esa cualidad crítica, dura y reactiva. Solo observe estos pensamientos mientras respiramos.
  8. Hay momentos en los que experimentamos emociones intensas como la ira y el miedo que son similares a la pared del ojo, las condiciones extremas que se forman alrededor del ojo del huracán. Puede notar que estos surgen ahora, quizás debido a las circunstancias del día, o que surgen con bastante regularidad.
  9. Y también, hay momentos en que experimentamos la calma interior, tanto como se encuentra dentro del ojo de la tormenta. Este es un recordatorio de que no es necesario que los pensamientos, sentimientos y sensaciones intensos y agitados se vayan para encontrar esa calma interior, esa tranquilidad interior. Al cambiar a un estado de observación, nos liberamos de la intensidad de esos pensamientos, sentimientos y sensaciones. Es como encontrar nuestro camino hacia el ojo de la tormenta, hacia un lugar de nuestro propio refugio seguro sin necesidad de que nada cambie.
  10. Instalémonos en el cuerpo, consciente de los pensamientos, consciente de los sentimientos que vendrán y desaparecerán, consciente de las sensaciones en el cuerpo, consciente de conservar y permitir que la respiración nos ancle un poco más plenamente, para estabilizarnos un poco más cómodamente en los momentos de este práctica. Al hacerlo, comenzamos a desarrollar y cultivar una resiliencia que nos estabilice en los momentos de nuestra vida.
  11. Inhala y exhala, permitiendo que este momento sea como es. Cuando, de vez en cuando, la mente divague, regrese suavemente a las sensaciones de la respiración fluyendo por el cuerpo. Cuando esté listo en el próximo momento o dos, con conciencia, levante la mirada, abra los ojos.

 

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